Soy su micro esclava. Alisa y su madrastra Emily me encontraron y me mantuvieron. Ahora mi vida es estar a sus pies. Para mí, son diosas. Miro a Alisa, su rostro juvenil y sus enormes pies, y me siento deleitada. Me inclino ante sus dedos y los beso como si fueran sagrados. Emily está cerca, su belleza madura y majestad me hace temblar. Sus pies son tan colosales e inalcanzables, y yo inhalo su olor, arrastrándome sobre ellos como un insecto insignificante. Se ríen, juegan conmigo, me ordenan que los adore. Estoy perdido bajo su atención, pero feliz. Mi lugar está aquí, a los pies de dos diosas – Alisa y Emily.