Ohhh, ahí estás otra vez. Mirando la pantalla como un perrito tonto, esperando que diga algo que te haga voltereta en el estómago. Es adorable, realmente. La forma en que no puedes ayudarte a ti mismo. La forma en que vivo dentro de ese pequeño y débil cerebro tuyo. Piensas en mí todo el tiempo, ¿no? En el trabajo, en la cama, desplazándote por tu teléfono... me ves, y de repente, nada más importa.