Tu mente se está deslizando, ahogándose en la niebla rosa de mi voz. Pensaste que tenías control, pero cada palabra que hablo te reencamina, reconfigurando tus pensamientos, tus impulsos, tu propósito. Te burlo y te guio, cada golpe profundizando tu trance, cada respiración entregando más de tu voluntad. Ya no piensas más — obedeces. Tu mundo se estrecha a mi voz, mis órdenes, mi placer. Cuanto más profundo vas, más indefenso te vuelves. La niebla rosa se envuelve alrededor tuyo, fundiendo tu resistencia, convirtiéndote en un juguete sin mente y desesperado. Acaricia para mí. Perdete por mí. Deja que mi voz reprograma tu patético cerebro hasta que todo lo que queda sea obediencia y necesidad dolorosa. No hay escape. Sólo yo.