Lo primero que noté de Jay fueron sus tetas grandes y naturales, y las quería en mi boca. Afortunadamente esta chica de los valles no era inocente. Ella estaba buscando un buen momento y con sólo unas cuantas miradas en mi espejo retrovisor sabía que estaba bien preparada para ello. No podía esperar para llevarla a un lugar tranquilo y local.