La señora Jade adora hacer que los esclavos se disparen en sus caras, y tiene muchas maneras de persuadirlos para que la adoren haciendo eso. Jade comienza ordeñándole el coño, burlándose de él con la posibilidad de comerse su coño. Luego ella se lo muestra, haciéndole rogar por adorarlo. Ella está de acuerdo, pero le dice que ella controlará cómo se hace los orgasmos. La combinación de lamer el coño de Jade y hacerse una paja tiene al esclavo pidiendo permiso para correrse, pero Jade le pega el orgasmo, diciendo que aún no se ha divertido. Jade sigue ordeando su polla palpitante hasta que él le vuelve a rogar, luego le ordena que se voltee para que se dispare en su propia cara. Jade se asegura de que se coma el esperma que le ha dado en la cara y en la boca, y luego le hace lamer su propia polla. Jade se ríe del esclavo agotado, sabiendo el dolor y la humillación que ha sufrido, arruinando cualquier placer posible del orgasmo.