La verdad es que te encierro para que no puedas mentirte a ti mismo. No puedes pretender porque ahora sabes que simplemente no estás hecho para follar. Estás hecho para servir. Estás hecho para arrastrarte. Esa pizca de tu jaula de castidad que está diciendo: quédate pequeña. Mantente suave. Mantente negado. Siempre has sabido que no perteneces a nadie ahí. No eres un hombre real. Nunca lo fuiste. Y adivina qué? No es tu culpa. Esto es simplemente biología. Es la naturaleza. Tú naciste para ser un macho beta, una cosa enjaulada, una cosa enjaulada. Una pequeña mascota que nunca sucedió. La realidad es que te gustas sólo que te gustas por tu hombre. Te engañas a ti mismo pensando en esas pequeñas piernas beta. Sin embargo siempre estás pagando por fechas que no puedes hacer que la sociedad se cierre, fantasias sobre conquistas que nunca te pasas en verdad.