El esclavo sirve a sus diosas Sarah y Victoria, limpiando cuidadosamente sus zapatos de la suciedad. Se arrodilla delante de ellos, concentrándose en limpiar cada par con un trapo para restaurar su brillo perfecto. El esclavo cuidadosamente quita manchas, haciendo un esfuerzo para hacer cada detalle impecable. Las ama lo miran con desagrado, a veces sugiriendo lo que debe hacer mejor. El esclavo trata de no distraerse, concentrándose en su tarea, mirando hacia arriba de vez en cuando para asegurarse de que está cumpliendo sus demandas. Al final, las chicas le ordenan beber un vaso de agua sucio de sus zapatos. Y van a caminar.