¿A qué pequeño destello de masculinidad te aferras? Veo a través de él, bebé. Es frágil. Patético. Y voy a aplastarlo —suave, cruel, bellamente— hasta que todo lo que queda sea Mi perfecta Puta pequeña paso-seda. Desde el segundo que te arrodillas ante Mí en esa tanga de encaje-cortada, temblando mientras abrocho la jaula de castidad rosa alrededor de tu polla inútil, lo sentirás — la transformación que echa raíces. Mira como despojo de los últimos trozos de tu ‘hombre’. Esa frágil masculinidad a la que te aferras? Inútil. Te ataré en satén y rosa, te encerraré tu pequeño clítoris inútil donde pertenece, y te remodelarás la mente hasta que todo lo que arranquees es el sabor de la polla. Te quebrarás mientras pinto tus labios brillante, gemido como te animo a caerte de rodillas y presentarte como una buena perra mariquita.