La señora Amanda se reclina en la cama de la Casa del Pecado, envuelta en un suave vestido gris, Sus piernas envainadas en pantimedias puras, perfectamente a gusto en Su propia superioridad. Con un anillo casual de la campana, Ella llama a Su sumiso más cerca, no por afecto, no por intimidad, pero escuchar. Calmadamente, casi dulcemente, Ella explica que Ella ha estado mirando fotos de Su amante en el gimnasio, admirando su cuerpo, pensando en su llegada, antojo el momento que camina por Su puerta en sólo una hora. Él sumiso no es el que Ella anhela y sólo hay un mantra hoy con él: “No soy suficiente hombre para ti”. La señora Amanda le insta a repetir este mantra mientras espera a su amante. Ella se burla de la sumisa, lo provoca, y se muestra en toda su belleza sexy mientras admite que no es digno.