Quiero oírte gritar. Mendigando “por favor Diosa” una y otra vez esperando que cambie de opinión. Aferrándose a esta idea que si me ruegas lo suficientemente fuerte y gritas lo suficientemente fuerte que te dejaré reventar por Mí. tus desesperados lloriqueos alimentan Mi poder. Quiero que lo necesites como nunca antes como me aventaste esa polla. Por supuesto que no puedes dejar de mirarme fijamente lo que está entre Mis piernas. Tu polla me quiere tanto, que necesita reventar hacerlo mal. “Por favor, Diosa puedo correrme?” La respuesta no cambia. No puedes correrte por Mí pero puedes lastimarme. Puedes acercarte más a Mí. Acaricia más fuerte, ruega más fuerte. No puedes evitar sentirte tan derrotado, lo quieres tan malo. Tan estúpido y tan patético y tan negado. La mendiga no se detiene y nunca lo hará.