Cerré a mi esclavo en la jaula para oler y adorar mis pies sagrados sin tocarlos. Pero para hacerlo, el precio que tiene que pagar será muy alto. Me encanta escuchar su gemido mientras pongo mi pie de 41 tamaños en su boca, casi hasta su garganta! Al final, voy a permitir que esta perra para contemplar mis pies desde una distancia, sin tocarlos o besarlos. Una renuncia muy doloroso para él!