Esta chica tenía todo lo que me gustaba más de todo. Su culo rogó por una nalgada, sus labios exigieron mi polla, sus tetas necesitaban mis dedos. El dinero en mi bolsillo nos insinuaba que todo pasaría sin un enganche. Y ni siquiera a su pareja le importaba hacer dinero. Todo lo que tenía que hacer era fingir ser un amante de los hombres...