Poco sabía que no estaba bromeando. Le ordené que se desnudara, que le quitara la máscara, el cuello y las restricciones. También le ordené que se pusiera la jaula de castidad y me esperara de rodillas en el balcón. Me puse mi flequillo, medias de encaje, maquillaba, me ponía los talones altos y me enfrentaba a mi esclavo.