En el momento en que él pasó por su puerta, Aruna supo que él tenía que ser el verdadero. Todo se sentía tan bien, tan natural con él pero de todas esas cosas el sexo era el mejor. No es de extrañar que ella lo quisiera una y otra vez... hasta que el placer se volvió casi abrumador. Entonces, y sólo entonces, su lujuria se atenuó... por un tiempo.