La señora Ariel sabe que su esclavo odia el olor de los cigarrillos por lo que se enciende uno y ella camina a su esclavo, que está atado por sus muñecas. Ella sonríe sarcásticamente y sopla el humo a sus ojos y la nariz. Tose y entrecerra sus ojos y lo siguiente que sucede es que Ariel quema sus pezones uno a uno con su cigarrillo. Grita de dolor y Anette toca sus bolas con su cigarrillo ardiente.