El esclavo está atado a la silla de la señora Demona cara hacia arriba bajo los pies de su diosa. Demona se sienta tranquilamente en la silla y hace que la criada masculina ole sus pies medias. Ella puso sus pies en su cara tan fuerte que apenas puede respirar. Mientras que se burla de sus pezones sabiendo que es un punto débil de él.